Carmen Pérez, una vida rodeada de rugby

Si hay alguien que de verdad siente el rugby y lo lleva más allá de un deporte es Carmen Pérez. La jugadora del Salvador vive rodeada de este deporte que, desde que lo probó con veintiséis años, se ha convertido en una de sus pasiones. Carmen Pérez, de 34 años, no solo es una de las piezas claves del equipo vallisoletano, sino que también es la fisioterapeuta del club y comparte equipo con su marido, también jugador de rugby.

Puede que el entusiasmo por este deporte no venga de cuando era pequeña, pero desde que Carmen Pérez empezó, hace ya casi diez años, el rugby le enganchó y tiene a sus espaldas una gran trayectoria. Empezó jugando en el Independiente de Santander, pero la ambición le dio dar un rápido salto al Getxo, donde estuvo durante dos temporadas. Fue en ese momento, cuando conoció a su pareja, también jugador de rugby y profesional en el Independiente de Santander. Juntos, cruzaron los Pirineos y se fueron a jugar a Francia, a un pequeño pueblo de la Saboya francesa. Después de un año allí, volvieron a España, dónde Carmen se incorporó de nuevo a las filas del Getxo para poder jugar en División de Honor con dos metas en mente: el Europeo y el Mundial.

Carmen Pérez durante una partido con la selección española de rugby.

Carmen despuntó desde sus inicios, lo que le abrió las puertas al equipo nacional, con el que jugó en varias ocasiones. Cuando apenas llevaba tres meses metida en el mundo del rugby, la llamaron para una concentración previa al Mundial de París de 2013, y disputó el Mundial de 2017 y el Europeo de Madrid 2016, dónde las leonas alzaron el título.

Ahora, cumple este año su tercera temporada en el Salvador, con el que ya ha vivido un ascenso a División de Honor y dónde ha sido una de las bases del equipo en esta temporada en primera. Un año que ha resultado más complicada de lo esperado y en el que los resultados han llevado al equipo de vuelta a la División de Honor B.

En pleno confinamiento, con la liga regular ya terminada y concienciada de lo que les espera el año que viene, está tranquila y orgullosa de esta temporada. Nos cuenta también sus inicios en el deporte que ahora le apasiona y hablamos sobre la situación actual del rugby femenino.

 

Comenzaste a jugar al rugby después de cumplir los veintiséis. ¿Cómo descubriste este deporte? ¿Por qué empezaste a practicarlo?

Siempre me ha gustado el deporte, y desde pequeña siempre hacía algún deporte. Me gustaban todos, especialmente la natación, que era el que más practicaba antes del rugby. Cuando tenía más o menos veintiséis años, dos amigas que jugaban al rugby me dijeron: “Vente a un entrenamiento, te va a gustar muchísimo”. Y cuando lo probé, me encantó. Y desde ese día hasta hoy.

 

Durante esos primeros años, ¿tenías algún referente? ¿te fijabas especialmente en algún o alguna jugadora?

Yo cuando empecé a jugar no tenía ni idea de rugby, no conocía a nadie. Había una chica en Santander que se llama Sara De La Llama que había estado en la selección española y a ella la conocía. De hecho, en parte, empecé en rugby porque conocía a esta chica, que sin duda podría decir que era mi referente en Santander. Más adelante, conocí a las chicas de la selección, con las que luego he jugado, lo que ha sido todo un honor y en su momento también fueron referentes para mí.

 

En aquellos momentos, el rugby femenino no era tan popular como ahora y muchas jugadoras tenían que encontrar a sus referentes en el rugby masculino, ¿crees que eso ahora ha cambiado?

Sí, ha cambiado totalmente. Ahora, gracias a todo lo que se promueve el rugby femenino, hay miles de referentes mujeres. Se me ocurren un montón de ejemplos que para mí son grandes referentes: Barbara Plá, que he tenido el placer de jugar con ella y con su pareja, Isabel Rodríguez, en el Getxo, o Patricia García, que mediáticamente es la más conocida y es una gran jugadora, pero podría decir mil más. Y ahora con el Seven, con las World Series, se conoce muchísimo más el rugby. También, al último Mundial que jugamos en Irlanda se le dio mucho “boom” al rugby Quince, lo que ayuda a dar a conocer a muchas de las jugadoras. Es decir, todo esto ha fomentado el conocimiento del rugby femenino, y por tanto también de sus jugadoras. Ahora, gracias a esto, las niñas que empiezan en este deporte ya no tienen que buscar en hombres a sus referentes porque ya conocen a muchísimas jugadoras.

 

Aunque normalmente juegas a Rugby 15 o Rugby Union, también has jugado a Rugby 7, ¿con cuál te quedas?

En Rugby 7 jugué muy poco, sólo fui a tres o cuatro concentraciones con la selección y jugué un par de amistosos frente a Portugal en Valladolid y Segovia. Solo he estado en concentraciones, nunca he tenido el placer de jugar una World Serie. Me encanta el Seven, pero yo sé que soy mucho más una jugadora de Rugby 15.

Ahora, gracias a todo lo que se promueve el rugby femenino, hay miles de referentes mujeres.

 

¿Cuál dirías que es la diferencia más grande que has encontrado a la hora de jugar al Seven respecto al Rugby Union?

El Rugby 7 es un deporte más dinámico. En el mismo campo que juegan quince jugadoras, en el Seven juegan la mitad, entonces tienes que correr muchísimo más y abrir más los espacios. Es un deporte mucho más físico y rápido. En realidad, son deportes totalmente diferentes, con tácticas y planteamiento distintos.

 

En muchos casos, cuando las niñas empiezan a jugar al rugby entrenan con niños porque los equipos son mixtos, ¿crees que esto les beneficia en el aspecto físico?

Cada vez hay más equipos femeninos, pero hasta los dieciséis años se entrenan niños y niñas todos juntos. Juegan chicos contra chicas y no hay ninguna diferencia entre ellos, es todo exactamente igual: se placa igual, se corre igual…. Esto hace que las niñas mejoren muchísimo más y que lleguen preparadísimas. Muchas juegan desde siempre y con niños, lo que hace que, luego, al jugar solo con chicas tengan una gran ventaja física.

 

¿Y tú? ¿Has entrenado alguna vez con chicos?

Si, en mi caso, yo entrené una época con los chicos del Independiente de Santander cuando jugaba en Getxo. Gracias al entrenador, Chucho Mozimán, que me dio la oportunidad de entrenar con ellos los lunes y martes para no tener que desplazarme. Para mí era un honor y aprendí muchísimo. Fue una gran oportunidad y me sirvió mucho para la parte física.

 

Estuviste un año jugando en Francia, ¿hay mucha diferencia entre el rugby de allí y el de España?

Hay diferencia, sí. Yo jugué en segunda división, y aun así el nivel era mayor que la primera española. Es verdad que, ahora, la División de Honor está teniendo muchos más fichajes que la han mejorado y cada vez se acerca más al nivel de allí. Pero Francia sigue estando un paso por delante de España. En el último Mundial quedó entre las cuatro primeras. Es un país en el que el rugby femenino está muy desarrollado. Hay equipos en todos los sitios y es deporte nacional. Hay diferencia física, táctica y técnica y, sobre todo diferencia de recursos.

 

¿Y en cuanto a la afición? ¿Se sigue más en Francia el rugby femenino?

Sí, hay también mucha diferencia en ese aspecto. Al ser deporte nacional, se hace una mayor cobertura de él y por tanto tiene una afición más grande. A nosotras nos venían a ver al estadio un montón de personas.

Francia sigue estando un paso por delante de España. Es un país en el que el rugby femenino está muy desarrollado.

El rugby femenino actual: una carrera de fondo para alcanzar la igualdad

 

Metiéndonos ya en el rugby femenino español y su situación actual, ¿puede a día de hoy una jugadora vivir de este deporte?

Están las jugadoras del Seven, que sí que pueden vivir de ello. Tienen beca ADO o beca Olímpica, entonces cobran esas becas. No sé si cotizan o no a la Seguridad Social. Siempre ha habido bastante lío con las becas porque no cotizaban, lo cual, desde mi punto de vista, no me parece justo. Al fin y al cabo, para un deportista profesional esto su trabajo y hay muchas personas que han estado muchos años viviendo del deporte y representando a nuestro país y no ha cotizado.

Por otra parte, en el rugby Quince es muy difícil vivir de ello. No sé si me atrevería a decir que puede que haya alguna, pero, en general, todas las del Quince lo tienen muy difícil. La gran mayoría tenemos que estudiar o trabajar. Yo siempre lo he compaginado con los estudios y el trabajo. Te dan dietas y ayudas, pero no vives de ello. No cobras ni hay concentraciones todos lo meses. Es un poco precario en ese aspecto. A algunas jugadoras fichadas que viene de otros países o ciudades, muchos clubes les pagan la residencia, pero nada más. En el caso de mi club, les ofrecen pisos, estudios, ayuda para la comida, dietas…pero que yo sepa, contratos de trabajo, en ningún equipo.

 

¿Te cuesta compaginar el trabajo y el rugby? ¿Os ponen facilidades los clubes a la hora de compaginar entrenamientos con vuestra vida profesional?

Normalmente se pueden dar dos situaciones. Que seas estudiante y juegues al rugby, o que trabajes mientras también te dedicas a este deporte. En el primer caso, si juegas de manera profesional: Campeonatos, Mundiales, World Series…la Federación siempre hace escritos para justificar tus ausencias, lo que hace más o menos fácil el que lo puedas compaginar. Yo conozco a chicas que han jugado World Series y que estudian medicina, por ejemplo. No sé si van a año por curso, pero estudian a la vez que se dedican al rugby.

En el caso de las que trabajamos, que en Quince somos muchas, nos organizamos. Hay quien pide vacaciones para ir a entrenar y también hay alguna jugadora que no trabaja. Yo, por ejemplo, los dos años antes del Mundial tuve la suerte de que mi marido me podía mantener y estuve dedicándome exclusivamente al rugby, trabajando muy poquito. Pero hay gente que no tiene esa suerte y que no puede pedir vacaciones entonces lo tienen más complicado.

En el rugby Quince es muy difícil vivir de ello.  La gran mayoría tenemos que estudiar o trabajar.

Tú vives muy de cerca también el rugby masculino y tienes un ejemplo muy cercano, tu marido, ¿crees que sigue habiendo muchas desigualdades entre el rugby femenino y el masculino?

El que haya entrado Iberdrola a patrocinar la División de Honor ha sido un impulso enorme para el rugby femenino, pero aún estamos muy lejos del masculino y es una realidad. No quiero decir que sea negativo. El rugby masculino se ve más, la gente paga por ir a un partido de rugby masculino, y en general, por uno de categoría femenino, no. Esa es la principal diferencia. Los sponsors, el dinero que le dan a los clubes…todo ese dinero que se da es mucho mayor en el rugby masculino. Aquí, en España, hay ya jugadores que viven al cien por cien de esto. Les dan un contrato laboral, casa y les cubren gastos en muchísimos equipos de toda España o, por lo menos, les dan un dinero mensual. Esto es otra de las grandes diferencias con el femenino, que eso no existe.

Y yo lo entiendo, es como en el fútbol. Quien nos tiene que ayudar son los medios. Si empiezan a poner partidos de rugby femenino en la tele, la gente los acabará viendo y los sponsors empezarán a estar también interesados en los equipos femeninos.

 

Hablando del patrocinio de Iberdrola, ¿crees que el nivel en División de Honor ha mejorado en estos últimos años gracias a esto?

Si, totalmente. Te pongo un ejemplo personal. Yo antes de irme a Francia, en el 2015 o 2016, jugué en División de Honor, y cuando volví a España jugué en Regional, con el Salvador, hasta que ascendimos el año pasado. La diferencia que encontré entre el último año que jugué en División de Honor antes de irme a Francia y esta temporada es abismal. Hay muchísimo más nivel que antes. Hay mejores jugadoras, se está invirtiendo más en rugby femenino, hay mejores entrenadores y hay muchos más fichajes, que hacen que el nivel suba. Y sí, creo que, en gran parte, este aumento de nivel es gracias a Iberdrola, porque los equipos con esas ayudas que han recibido han podido destinar otras fuentes de ingreso a fichajes, a mejorar el material y el entrenamiento.

El rugby masculino se ve más, la gente paga por ir a un partido de rugby masculino, y en general, por uno de categoría femenino, no. Quien nos tiene que ayudar son los medios. Si empiezan a poner partidos de rugby femenino en la tele, la gente los acabará viendo.

En estos últimos años, ha habido grandes cambios en el rugby femenino español más allá del patrocinio de Iberdrola. Esta temporada se ha establecido la División de Honor B, ¿es esto una nueva oportunidad para muchos equipos?

Yo creo que la División de Honor B es clave. Tenemos que tener tres divisiones diferenciadas: la Regional, donde el nivel de rugby es más bajo y donde las jugadoras van principalmente a aprender; la División de Honor B, que ya es más competitiva y en la que ya los equipos invierten dinero y muchos hacen fichajes, como el Eibar y el Abelles. Estos equipos luchan por jugar en la División de Honor y tienen un nivel mucho más competitivo. Antes de la División de Honor B había una gran diferencia entre equipos. Había partidos en los que el resultado eran de 100-0, y era absurdo para ambos equipos porque ninguno aprendía ni avanzaba. Además, las niñas que perdían, muchas se desanimaban y lo dejaban, y las que ganaban no tenían ninguna motivación. La División de Honor B acaba con este problema. La liga es mucho más competitiva y las jugadoras llegan a primera con más nivel.

Es, sin duda, una división clave y que con los años conseguiremos que también vaya subiendo su nivel. Los equipos de arriba aún ganan a los de abajo por mucha diferencia, pero yo creo que poco a poco conseguiremos que se vayan igualando todas las ligas y suba el nivel.

 

El Salvador y su primera temporada en División de Honor

 

La temporada que viene competiréis en esta División de Honor B después de un año en primera en la que parece que no fuisteis capaces de adaptaros del todo a tiempo. ¿Cómo calificarías la temporada del Salvador? ¿Esperabais los malos resultados obtenidos especialmente al principio?

Yo llevo jugando tres años en el Salvador. El primer año jugamos Regional y perdimos contra el Sanse Scrum en los playoffs porque el nivel de División de Honor era muy diferente. El año pasado llegamos al Ascenso de División de Honor que eran una serie de partidos, como una liguilla, y conseguimos ganar al Abelles y subimos directamente. El problema fue que tras el ascenso se nos fueron algunas jugadoras, y yo por ejemplo tuve que operarme la mano, y el equipo quedó un poco descolgado. Empezamos un poco flojas y nos dimos el golpe, porque pensábamos que no iba a haber tanta diferencia y sí que la hubo. Fuimos mejorando un montón partido a partido, lo que pasa es que no ha sido suficiente. El objetivo era mantenernos y no lo hemos conseguido, es una realidad.

 

Entonces, ¿os costó adaptaros a División de Honor más de lo que esperabais?

Los primeros partidos fueron muy duros. Es lo que digo, que al no haber una División de Honor B, la diferencia es tan grande de Regional a División de Honor que o fichas e inviertes mucho de golpe o es muy complicado. Llegaron dos americanas y la verdad que muy bien, do jugadoras maravillosas, pero ya era un poco tarde. En los últimos partidos conseguimos mejores resultados y mejoramos muchísimo pero no fue suficiente, no conseguimos adaptarnos a tiempo. Era la primera vez que el club tenía su categoría femenina en División de Honor, entonces tampoco sabía lo que le esperaba porque era difícil de valorar. Los fallos de este año fueron también fruto de esa inexperiencia, pero para un futuro ya sabemos a dónde vamos y que nos vamos a encontrar.

Empezamos un poco flojas y nos dimos el golpe, porque pensábamos que no iba a haber tanta diferencia y sí que la hubo.

¿Ha sido esa diferencia de nivel la base de los problemas?

Definitivamente sí. La diferencia es tan grande que es difícil que un equipo de Regional pueda competir en División de Honor a no ser que de repente fiche a cinco jugadoras. Por eso la División de Honor B va a venir genial para salvar esa diferencia y que los equipos lleguen más preparados para poder competir.

En los últimos partidos conseguimos mejores resultados y mejoramos muchísimo pero no fue suficiente, no conseguimos adaptarnos a tiempo.

Dejando atrás estos resultados y pensando ya en el próximo año, ¿cuáles son los objetivos del equipo? ¿El ascenso de nuevo?

Sí. El equipo y Crealia, nuestro patrocinador, nos apoya al cien por cien. Tenemos de todo: gimnasio, ayudas…y la idea del Salvador es ser un club total, es decir, que tenga a su categoría masculina y a su categoría femenina en División de Honor, por lo que el año que viene el objetivo es subir. Además, para la temporada que viene tenemos la motivación de los partidos de vuelta, que van a ser encuentros de más nivel y vamos a prepararlos. El objetivo es subir directamente, y si no, se jugarán los playoffs, pero nosotras y el club vamos a muerte. No nos sentimos fracasadas por los resultados de este año. De hecho, el club nos felicitó por los últimos partidos y tenemos unas ganas horrorosas de volver a subir.

 

La irrupción del Coronavirus en el rugby femenino

 

Con el tema del Covid-19, aunque la liga regular ya ha terminado, han quedado pendientes los playoffs. Si la temporada se reanuda, ¿qué equipo crees que es el favorito para ser el campeón?

Como opinión personal, creo que la final va a ser Cocodrilas-Majadahonda y que van a ganar las Cocodrilas, por nivel de rugby y nivel de rendimiento y entrenamiento. Son un equipo que lo dan todo y son unas candidatas fuertes para ganar la liga si es que finalmente se juega.

 

¿Y para el ascenso?

La final será casi que segura Abelles-Eibar y yo creo que ganará Eibar.

 

El Coronavirus ha suspendido las competiciones deportivas, pero vosotras las deportistas no paráis. ¿Cómo mantienes la forma física en estos momentos de cuarentena?

El físico es una parte muy importante en todos los deportes, y sobre todo en el rugby. Si no estás bien te lesionas y tienes que estar fuerte y mantenerte bien porque los contactos son duros. Como vivo con mi marido y los dos tenemos que entrenar, nos motivamos el uno al otro. Tenemos un pequeño patio que lo aprovechamos para entrenar todos los días. Nos ponemos horarios para cumplirlos y también intentamos cocinar lo más sano posible.

 

¿Y que hacéis durante estos días para que no se os caiga la casa encima?

Tenemos una Play, entonces jugamos con ella, vemos Netflix e intentamos hacer rutinas de ejercicio. Lo llevamos bien.

 

Ya para terminar y cerrar la entrevista, ¿qué le dirías a una niña que quiere empezar a jugar al rugby?

Le diría que, como todos los deportes, hay que probarlo. Es un deporte con muchísimos valores de amistad y de respeto, sobre todo hacia el árbitro, hacia tus compañeras, hacia los rivales…y eso es importantísimo porque te forma también como persona. El rugby es muchísimo menos agresivo y mucho más divertido de lo que parece, merece la pena probarlo.

El rugby es muchísimo menos agresivo y mucho más divertido de lo que parece, merece la pena probarlo.

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