Fotografía: El español

Marga Crespí: “Las oportunidades no las esperas, sino que llegan por alguna razón”

Diecisiete medallas, entre las que destaca un bronce olímpico. Marga Crespí es de esas personas que aprovechan al máximo las oportunidades, exprimiéndolas hasta conseguir llegar a lo más alto. La nadadora de sincro lo ha ganado prácticamente todo, y con sus sueños deportistas alcanzados, decidió cruzar el charco para vivir una nueva aventura en una faceta algo distinta: el espectáculo.

Más de diez años después dedicándose a este deporte sin el que afirma que “no sería la misma”, Marga Crespí decidió abandonar la competición y volar a Las Vegas para unirse al espectáculo acuático “La Reve”, dónde fusiona su faceta más artística con el deporte que le ha llevado a donde está ahora: la natación sincronizada.

Le preguntamos a Marga Crespí sobre esta nueva faceta profesional, sobre su carrera deportiva formando parte del equipo nacional que compartió con Gemma Mengual y Ona Carbonell, sobre proyectos futuros y por cómo se está viviendo el confinamiento en Estados Unidos.

 

La natación sincronizada no es un deporte muy común, ¿por qué decidiste comenzar a practicarlo?

Ahora creo que es un deporte más conocido. En el 1996, que es cuando lo probé por primera vez, fue porque iba a clases de natación y mi vecina practicaba natación sincronizada. Me llamó mucho la atención y quise hacer la prueba para unirme a la escuela municipal.

La situación con tu familia no era fácil y te marchaste muy pronto de casa, ¿te costó tomar la decisión de mudarte a Barcelona o era la oportunidad que siempre habías estado esperando?

Creo que las oportunidades no las esperas, si no que llegan por alguna razón. Me costó tomar la decisión porque era un cambio radical, pero me iba a arrepentir si no tomaba esa oportunidad, así que fui “a probar” y ya vería dónde me llevaba eso.

En alguna otra entrevista dices que la natación sincronizada te salvó la vida. ¿Crees que sin ella hubiera sido muy diferente?

El deporte me ha formado como atleta pero sobretodo como la persona que soy ahora. No sería la misma sin todo lo que he ha aportado la natación sincronizada.

Hace un par de años fuiste muy valiente haciendo pública tu dura adolescencia, ¿crees que declaraciones como las tuyas pueden ayudar a muchas mujeres que están en situaciones similares a la que tu viviste?

La verdad que no lo pensé así al principio, pero con el tiempo me he dado cuenta ( y después de los mensajes que he recibido) que sí, que mucha gente necesitaba ese apoyo y que se sentían identificados con mi historia. Me movió por dentro. Por eso también recientemente decidí empezar mi blog, dónde puedo ir contando cómo fue mi historia. Dicen que se necesita una historia de éxito para poder motivar a qué otros lo hagan.

Te marchaste a Barcelona para entrar en un centro de alto rendimiento, el CAR. ¿Cómo fue tu etapa allí? ¿Es la formación de este tipo de centros de alto rendimiento muy exigente?

Sí. La recuerdo con mucho cariño porque interactúas con mucha gente que trabaja y reside allí (fisios, médicos, cocineros, técnicos…) y al final las chicas del equipo se convierten en familia, pasas muchas horas juntas. Pero sí, es exigente porque entrenas muchas horas y a veces parece que nunca desconectes.

Creo que las oportunidades no las esperas, si no que llegan por alguna razón

Cuando entraste en el CAR, ¿se pasaba por tu cabeza en algún momento que podrías llegar tan alto en tu deporte?

Cuando entré en el CAR era consciente de que si lo hacía bien iba a tener la oportunidad de nadar con las mejores, pero la creencia en mi misma era muy baja. Con el tiempo me lo creí y empezaron a llegar los resultados.

Esos resultados llegaron y empezaste a formar parte del equipo nacional, ¿cómo fue ese debut? ¿Y la acogida de tus compañeras?

Yo alucinaba que mis compañeras de equipo fueran chicas como Gemma Mengual, del equipo que llevaba años en lo alto ganando medallas. Fueron muchas horas de entreno y de aprender a nadar en equipo, pero muy satisfactorio. Ellas me acogieron como una más, enseñándome todo lo que ellas habían aprendido durante sus carreras deportivas.

El deporte me ha formado como atleta pero sobretodo como la persona que soy ahora.

Tienes más de quince medallas, entre ellas una olímpica, ¿hay alguna a la que le tengas un especial cariño?

La medalla olímpica, porque refleja un año muy duro tanto físicamente como psicológicamente. Hay mucha gente que entrena para ese momento y no puede decir que ha ganado una.

¿Cómo es competir en unos Juegos Olímpicos? ¿Qué te pasaba por la cabeza en el momento de vuestra última coreografía?

¡Estaba tan nerviosa! Me acuerdo de que tenía ganas de disfrutar ese momento que tantas veces había visualizado. La grada estaba llena de gente, aforo completo y muchos amigos y familia animándonos. Fue increíble.

Has competido en modalidad por equipo y en pareja, ¿Cuál de las dos te gusta más?

Es diferente. En la modalidad de dúo me acuerdo que tuve que trabajar mucho individualmente porque al ser dos, se pueden ver mucho más tus puntos débiles (y fuertes) y fue un gran reto personal. El equipo lo disfrutaba porque aunque no te puedes comunicar mientras nadas, sientes la energía del equipo y la fuerza.

Dicen que se necesita una historia de éxito para poder motivar a qué otros lo hagan.

Lo has ganado prácticamente todo y has competido en una Olimpiadas, ¿has cumplido los sueños que tenías cuando comenzaste en la natación sincronizada?

Diría que sí. Para algunas personas parecerá que podría haber dado más, pero la verdad que en el momento que me retiré fue porque tenía que ser así y se me abrieron nuevas oportunidades en la vida.

Si tuvieras que quedarte con un momento de tu carrera deportiva, ¿Cuál sería?

Creo que el aprendizaje que tuve durante el 2013. En 6 meses me preparé para nadar dúo con Ona Carbonell en un mundial, y no hubiera sido posible sin Mayu, entrenadora que le agradezco todo lo que me enseñó, me valoró y me hizo creer que sí podía hacerlo.

La natación sincronizada es un deporte de equipo, ¿crees que sus valores han marcado también tu vida personal?

Totalmente, no sé hacer muchas cosas si no es con un equipo detrás. Me gusta la sensación de saber que hay personas que piensan, sienten y luchan por los mismos objetivos. Es muy importante encontrar esas personas para avanzar en la vida.

En el momento que me retiré fue porque tenía que ser así y se me abrieron nuevas oportunidades en la vida.

Te retiraste muy joven, ¿por qué decidiste tomar esa decisión? ¿Te costó?

Me preparé muchos meses para retirarme. Fue un proceso duro, pero lo acepté. No estaba motivada y pese a imaginarme en casa y las compañeras de equipo ganando medallas, no tenía ese impulso de pertenecer al equipo. Llegué a mi última competición sabiendo que sería la última, y la disfruté mucho.

Tras tu retirada, te uniste al Circo del Sol, ¿cómo te dio por ese cambió tan grande? ¿te imaginabas que algún día tu vida te llevaría por ese camino?

Para nada. Sabía que en Las Vegas había dos shows, pero nunca me lo planteé. El mundo de la sincro es muy pequeño. Cuando algunas chicas se enteraron de mi retirada me avisaron del casting y lo hice. Me fui a Montreal a hacer la formación para el show de O, que está en el hotel Bellagio en Las Vegas.

¿Cómo es la vida del espectáculo? ¿Te costó adaptarte al cambio?

Después de mi formación del Cirque Du Soleil volví a casa, esperé un contrato para ir a Las Vegas que nunca llegó. Mientras entrenaba y preparaba al dúo de Colombia para ir a los JJOO de Rio 2016, me enteré del casting para el otro show de agua ‘Le Reve’ en el hotel Wynn. Ahí supe que iba a ser mi gran oportunidad. Le Reve no pertenece al Cirque Du Soleil, pero si que es muy reconocido mundialmente. Y sí, costó adaptarse a la vida americana, pero me encanta las nuevas aventuras y ser capaz de adaptarte en cualquier situación.

Actualmente formas parte del show “Le Reve” en las Vegas, ¿dirías que es la fusión entre tus dos facetas profesionales: artista y la natación sincronizada?

Sí. En el show he aprendido a ser más libre con los movimientos que hago, encontrar mi manera de hacer la coreografía, y la sincro me ha dado la técnica y capacidad de que me resulte ‘fácil’ lo que hago cada noche.

¿Con que te quedarías? ¿Con la vida de la natación sincronizada o la del espectáculo?

Me quedo con la vida del espectáculo. Pero sin la natación sincronizada no estaría dónde estoy, así que hay que pasar por el proceso y aprender de ello.

¿Tienes algún nuevo proyecto en mente? ¿Te planteas volver a la natación sincronizada?

¿A competir? ¡No! Creo que ya no es mi momento, además de que las chicas jóvenes vienen pisando fuerte. Y sí, tengo proyectos futuros que espero poder contar pronto.

¿Cómo está la situación en Estados Unidos en cuanto al tema del Coronavirus? ¿Tu cómo estás viviendo el confinamiento? ¿De qué manera entrenas las coreografías del espectáculo?

La situación en Las Vegas está bastante controlada comparada con otros estados. El gobernador cerró la ciudad a tiempo para evitar contagios masivos. Estoy aprovechando este confinamiento para hacer cosas que nunca podía hacer, entre ellas, desarrollando el negocio de network marketing al que pertenezco y aprendiendo a tocar la guitarra. En el show, una vez sabes las coreografías no se olvidan, pero tenemos entrenos semanales para repasar correcciones.

Para finalizar la entrevista, ¿qué le dirías a una niña que está empezando o quiere empezar a practicar natación sincronizada?

Que si de verdad le gusta ese deporte, que disfrute esos momentos únicos. Que piensen en lo afortunadas y afortunados que son de practicar un deporte que les guste y compartirlo con un equipo que puede que lleguen a ser amistades para siempre, como me ha pasado a mí.

 

Fotografía: margacrespi.com
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